Hoy como nunca me siento sumamente conmovida, creo que estamos tomando conciencia de que nuestro amado planeta Tierra está en nuestras manos, es como si nos pidiera sostenerlo, como una madre amorosa sostiene por primera vez a su bebé recién nacido.

Nuestra amada Tierra nos ha prodigado amor, alimento, aire, agua, frutos, nutrientes de diversa índole, medicinas, belleza, animales maravillosos que nos han alimentado por años y también muchas especies que con su majestuosidad han embellecido nuestras vidas.

Hemos visto al hermoso colibrí batir sus alas, a la leona cuidando a sus cachorros, hemos visto saltar libres y felices a los delfines, nos hemos asombrado con la majestuosidad de las ballenas saliendo de los hermosos mares dejándose ver por nosotros sin temor a nuestra especie; sin embargo, hemos sido el peor depredador de nuestra amada casa, de esa casa generosa que nos ha hospedado y nos ha brindado todo y ahora nos toca cuidarla, honrarla, amarla, agradecerle, respetarla y aprender a cuidarla.

Tenemos en nuestras manos ahora esa posibilidad, hoy como nunca la vida nos está confrontando y de nosotros depende, desde ese libre albedrío que poseemos, hacer lo correcto con ella, con nosotros mismos, con  nuestros hijos, con todos nuestros hermanos del planeta Tierra, porque hoy como nunca nos hemos dado cuenta que no hay fronteras, que no hay egos, que no hay dinero suficiente para «comprar» la salud y que todos somos vulnerables hacia un virus que no podemos ver, pero que curiosamente en el contacto del uno con el otro nos podemos infectar y quizá hasta morir…

¿Qué nos hace reflexionar todo esto?, ¿Cuánto tiempo estuvimos sin vernos, sin tocarnos, sin escucharnos, sin abrazarnos , sin hablarnos verdaderamente desde el corazón?

Hoy mi corazón está más abierto que nunca, anhela ese contacto del alma, del cuerpo, de la mirada que reconforta y segura estoy, que cuando todo esto pase , si entendimos la lección, saldremos de nuestro encierro venturosos y no porque vencimos al virus, éste simplemente está cumpliendo su propósito y espero que nos hayamos dado cuenta de cuál es, saldremos de nuevo venturosos y victoriosos, porque entenderemos la lección del amor, de la unión, del cuidado, del respeto, de lo maravilloso que es tener una familia, de cuidar y ver que salieron avantes nuestros adultos mayores gracias a nuestro cuidado amoroso y que nuestros hijos pudieron descubrir y conectarse de nuevo con nosotros, sus padres,  unos padres que quizá estuvieron ausentes y que ahora gracias a este aislamiento se hacen de nuevo presentes.

Deseo de todo corazón que todo esto traiga  luz a nuestras existencias para transformarnos en mejores Seres Humanos y que como nunca nuestras familias se fortalezcan.

Recuerda: Todo cumple un ciclo y esto también pasará.

Que así sea.

Desde mi trinchera con amor,

Marichu

 

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El Moderno Tepeyac tiene el honor de contar con la Lic. Ma. De Jesús (Marichu) González Restrepo, directora del Instituto para el Desarrollo de los Atributos Personales (IDAP), quien imparte el curso “Asesorías Dinámicas para Padres” en Escuela para Padres.

 

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